
Fábula de Tomás de Iriarte
Los dos tordos
Persuadía un tordo abuelo,
lleno de años y de prudencia,
a un tordo, su nietezuelo,
mozo de poca experiencia,
a que acelerando el vuelo,
viniese con preferencia
hacia una poblada viña,
e hiciese allí su rapiña.
"Esa viña ¿donde está
-le preguntó el mozalbete-,
y que fruto es el que da?
"Hoy te espera un gran banquete,
dice el viejo ven acá:
aprende, a vivir pobrete."
Y no bien lo dijo, cuando
las uvas le fue enseñando.
Al verlas saltó el rapaz:
"¿Y ésta es la fruta alabada
de un pájaro tan sagaz?
¡Qué chica!¡Qué desmedrada!
Ea, vaya, es incapaz
que eso pueda valer nada.
Yo tengo fruta mayor
en una huerta y mejor."
"veamos dijo el anciano,
aunque sé que más valdrá
de mis uvas solo un grano."
A la huerta llegan ya,
y el joven exclama ufano:
"¡Qué fruta!¡Qué gorda está!
¿No tiene excelente traza?"
¿Y qué era? Una calabaza.
Que un tordo en aqueste engaño
caiga, no lo dificulto;
pero es mucho más extraño
que hombre tenido por culto
aprecie por el tamaño
los libros y por el bulto.
Grande es, si es buena, una obra;
si es mala, toda ella sobra.











